Vivencia del presente.
Entrenamiento
de la atención.
En realidad, lo que comúnmente llamamos meditación, tiene que ver con el despertar de la atención plena, y con una neutra observación que permite vivenciar el Aquí y el Ahora.
Es por ello que se practica haciendo silencio interior, para desde ahí, desplegar una consciente atestiguación de la corriente de sensaciones, sentimientos y pensamientos que circulan en nuestro interior.
Vídeo: Meditación en Red

Los beneficios de la meditación son tan innumerables que para abarcarlos todos se precisaría elaborar un voluminoso apéndice. Sin embargo, se pueden apuntar varios pilares en los que se sustentan los mismos:
Todas las prácticas meditativas tienen un punto de unión común: la íntima vivencia de expansión y totalidad que éstas tienden a conllevar.
Los caminos para llegar a esta vivencia, es decir, a este estado de conciencia que trasciende la mente pensante, son variados, y dependiendo de las culturas se pone el acento en unos aspectos o en otros.
La meditación transpersonal es de una enorme sencillez y, aunque integra algunos aspectos claves de la práctica Zen, desarrolla fundamentalmente la atención a la postura, la respiración y la actitud.
La meditación transpersonal, se aprende en un breve periodo de tiempo, refinándose conforme se practica y convirtiéndose en un saludable hábito cotidiano para toda la vida.
Toda persona que practica meditación suele elegir en su casa un espacio específico para ello. En ocasiones, es el dormitorio por su privacidad y porque además permite practicar la meditación al despertar como ejemplo de la primera acción del día.
En dicho espacio de meditación, es recomendable colocar junto a la silla o cojín de meditación, una vela en el suelo delante del meditador. El hecho de encender tal vela representa la metáfora de activar un estado acrecentado de consciencia que abre la puerta de la práctica. Al finalizar la meditación, que generalmente dura de 20 a 30 minutos, puede apagarse la vela sin necesidad de soplar, sino más bien usando un apagavelas o cualquier otro artilugio. Se diría que nuestro aliento está orientado tan solo a iluminar y encender.
Y quizás, cuando finaliza la meditación y se apaga la vela, uno siente que tiene puesta una llama permanente que se ha avivado durante la práctica, una llama, encendida en nuestro pecho y que a lo largo de toda la jornada tenderá a hacerse presente en los diferentes momentos en que así suceda.
En el espacio colectivo de la meditación grupal de cada martes alentado por La Escuela Transpersonal, será el propio coordinador de la misma, quien comience por encender la vela, generalmente situada en el centro del espacio.
Observar y observar.
Una observación de sensaciones, emociones y pensamientos que pasan por la corriente de consciencia. Una observación desde el punto más elevado de nuestra percepción, que conlleva absoluta neutralidad, es decir ningún intento deliberado de preferir, comparar, rechazar ningún contenido interno... tan solo atestiguar.
El sujeto puede proceder a centrar su mirada externa de forma abierta y panorámica, o en la llama de la vela, en este caso permaneciendo presente en dicha llama y centrando su enfoque de manera que no haya despiste ni dispersión. Puede asimismo, optar por enfocar su atención en el proceso respiratorio, es decir, sentir conscientemente la toma de aire y la correspondiente exhalación, “sintiendo” las sensaciones del abdomen y del pecho así como la de las fosas nasales, al tiempo que se mantiene plenamente presente y neutro durante todo el proceso respiratorio.
También se puede ejercitar una observación abierta y panorámica centrada en la corriente mental, de forma que cada pensamiento que aparece sea atestiguado con total atención, una manera de disolver las asociaciones de ideas automatizadas que atrapan al meditador en el mundo de la mente pensante. Es decir, en sus recuerdos y anticipaciones, en las ideas asociadas “en automático” que le distancian del verdadero objetivo que subyace en esta excelente gimnasia. Objetivo que consiste en mantener la presencia en el “ahora”.